domingo, 23 de septiembre de 2007

CIPRIANO DE VALERA 1602



A) Nació cerca de Sevilla por los años de 1531 o 1532.
B) Tuvo amistad con Casiodoro de Reina y con Juan Pérez.
C) Escapó del convento de san Isidoro del Campo y fue quemado en “efigie” 1557 en un auto de fe en Sevilla.
D) En 1558 se encontraba en Ginebra, Suiza.
E) Es el autor de una obra titulada “Dos tratados”, editada en Londres en 1588, con lo que se ganó el título del “hereje español”.

F) Su trabajo fue impreso en 1602, en Ámsterdam.
1. Tardó 20 años en revisar.
2. Trabajó sólo, ninguno de su nación le ayudó.
3. No sabemos la fecha ni el lugar de su muerte.

G) Exhortación de Valera al lector:
1. A leerla 2. A creerla 3. A ser salvos y vivirla

“Nuestro buen Dios y Padre, que tanto desea y procura nuestra salvación... nos manda muy expresamente... que leamos la sagrada Escritura, que la meditemos, escudriñemos y rumiemos...”

4. Separa los libros apócrifos y aclara la importancia de la purificación
de la Biblia:


“Probado hemos bastantemente cuántos y cuáles sean los libros canónicos del viejo Testamento, a saber veinte y dos, de dónde se siguen manifiestamente que todos cuantos libros se añadieren a estos 22, no son canónicos, no son sagrada Escritura. Nuestros adversarios admiten los mismos 22 libros, que hemos nombrado por canónicos. Pero no contentándose con estos 22, admiten, no haciendo caso de lo que los antiguos hebreos, griegos y latinos ni de lo que muchos modernos latinos determinan, ... También hemos quitado todo lo añadido de los setenta intérpretes, o de la Vulgata, que no se halla en el texto hebreo... Porque nuestro intento no es trasladar lo que los hombres han añadido a la Palabra de Dios, sino lo que Dios ha revelado en sus santas Escrituras. Hemos también quitado las acotaciones de los libros Apócrifos en los libros Canónicos. Porque no está bien hecho confirmar lo cierto con lo incierto, la Palabra de Dios con la de los hombres… Otra vez torno a suplicar a nuestro buen Dios y Padre misericordioso, os haga la gracia que lo oigáis que sepáis su voluntad, y sabiéndola viváis conforme a ella. Y así seáis salvos por la Sangre de aquel Cordero sin mancilla que se sacrificó a sí mismo en el ara de la cruz para alcanzaros perdón de vuestros pecados delante del Padre. Así sea.”



Cipriano de Valera, Año MDCII